La destrucción de las selvas africanas y amazónicas, la incesante desaparición de especies únicas e irrepetibles, la contaminación de los cielos, la polución de los mares, el cambio climático o la desertificación de suelos hasta hace poco fértiles no son desgracias inevitables que sufre el planeta, sino catástrofes que se vierten directamente sobre la Humanidad.
Hoy día, nadie duda ya de que las hambrunas, las migraciones desesperadas o las guerras están directamente relacionadas con la inconcebible locura a la que el propio hombre está sometiendo al mundo en el que vive desde hace miles de años. Sólo la educación y la concienciación de las futuras generaciones podrán detener un proceso del que todos somos responsables.
Los vertidos de CO2 debidos a las actividades humanas son responsables de más del 60% del aumento del efecto invernadero. Los números hablan por si mismos: en el mundo, el 20% de los hombres consumen el 86% de los recursos de la Tierra, y están agotando sin remordimientos nuestra única bitacora.
El hombre transforma la naturaleza a medida que se desarrolla, a medida que crece su técnica; el hombre revoluciona la naturaleza, más la naturaleza tiene sus leyes, y la naturaleza no se puede revolucionar impunemente. Y es necesario considerar esas leyes como un conjunto, es necesario e imprescindible y vital no olvidar ninguna de esas leyes.
El consumismo irresponsable, los urbanizadores de paisajes y ecosistemas irrepetibles, los traficantes de la dignidad humana, los egoístas y los que no quieren ver; crearán un frente común para devorar la nave en la que todos viajamos.
No podemos quedarnos espectadores pasivos porque somos más 6.500 millones de seres humanos habitando en este planeta, porque la suma de todos nosotros, los individuos que componemos la humanidad ES un inicio de solución tomando conciencia de lo que está ocurriendo.
Así, para lograr que nuestras voces sean escuchadas, sean tomadas en cuenta, os ruego sumaros a esta pagina.
Humilde, si lo es; también es un grano de arena más pero quizá pueda ser útil.
Se necesitan voces, muchas voces al unísono: la tuya, la de tus hermanos y de tus hijos, de tus primos, de tus abuelos, y también la de tus amigos o de tus vecinos.
No hay limites sino las limitaciones que nos ponemos nosotros mismos por conformismo, egoismo, cobardia, pasividad, indiferencia o sumisión...
Por nuestros pueblos, por nuestros hijos, y por los hijos de nuestros hijos...
¡Súmate ya!